Nueva vida sin dolor

El blogger invitado de hoy es Jim Manzardo , que tomó un tiempo libre de su posición de capellán  en el Hospital de Niños Lurie en Chicago para acompañar tanto a los misioneros y pacientes durante el viaje de la Misión de Cirugía General . Su blog comparte reflexiones desde el primer día en el Hospital General de Viedma en Cochabamba.

El Capellán Jim Manzardo ayudó a dirigir el ritual de oración de la ceremonia de apertura que fue co – dirigida por Marcela Canedo y Patricia Vargas.

Yo soy el capellán de nuestro viaje como Misión de Cirugía General de Puente de Solidaridad (GSMT). Como en mi primer viaje en octubre de 2014, mi esposa Matilde está conmigo, actuando como un intérprete.

El Capellán Jim Manzardo ayudó a dirigir el ritual de oración de la ceremonia de apertura que fue co – dirigida por Marcela Canedo y Patricia Vargas.

Hoy  día, nuestros 16 misioneros caminaron una distancia corta desde la oficina al hospital público Viedma. Después de ser recibidos por el Director Médico del Hospital, nuestro equipo médico hizo visitas a los pacientes que necesitan cirugía. Después los cirujanos de Puente de Solidaridad, anestesiólogos, asistentes médicos e intérpretes se reunieron con los pacientes acompañados por los colegas bolivianos, y yo hice las visitas a cada paciente.  De los ocho pacientes que visité, cada uno expresó su gratitud, algunos con lágrimas en los ojos, por ser «aceptados en el programa de solidaridad.» Cada uno de ellos, jóvenes y viejos, hablaron de las dificultades económicas por las que atraviesan y lo que significa la tremenda ayuda y renovada esperanza de que Puente de  Solidaridad les da a través de nuestro viaje de misión quirúrgica.

En la primera habitación, conocí a Carmen de 21 años de edad, y a Patricia de 70 años de edad, sentadas en sus respectivas camas, sin cortina de privacidad para separarlas. A Patricia le gustó mucho poder animar a Carmen al compartir su fe, mientras que Carmen reconoció su lucha con «cosas que no van de acuerdo a como ella desea.» Ambas dijeron que compartir una habitación disminuye su soledad y era bueno para el ánimo.

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Misioneros que participan en el ritual de encendido de velas durante la ceremonia de apertura de la misión.

Otra paciente, Alicia, me recordó a la mujer en la Biblia que había vivido con una hemorragia durante muchos años, y cuando tocó a Jesús, sanó. Alicia por siete años ha vivido con dolor abdominal que a menudo la ha mantenido despierta en las noches.  Madre de doce hijos, con ayuda mínima o ninguna de su marido, no tenía más remedio que seguir trabajando muy duro, incluyendo la siembra en el campo. Los médicos sólo podían darle calmantes para el dolor porque ella al ser pobre, no podía pagar una cirugía. Sus ojos se llenaron de lágrimas en agradecimiento por «ser elegida para la cirugía», pensando en su nueva vida sin dolor.

Al salir del hospital con los colegas misioneros, me di cuenta de que también nosotros hemos sido elegidos – escogidos para ser los encargados de esta curación y fortalecimiento del alma, lo que cambia nuestras vidas, así como la de nuestros pacientes.

Escrito por Jim Manzardo

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